TESTIMONIOS DE INTEGRANTES DE PFALYG

Fragmentos escritos por familiares de gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros.

Todos los que lloramos en el grupo es porque no queremos ni rechazar ni mirar para otro lado, queremos entender, aceptar, naturalizar, ver a nuestros hijos felices y aún por encima de nuestro conflicto que es la culpa y el cambio de expectativas entre otros...

Mamá L. A. a su hija

E-mail de una Mamá a su hija

Ayer me gustó comentarte algunas historias del grupo. Una vez te hice la invitación, por sí te interesaba, para venir a conocerlos y saber de qué se trata y ver la otra cara de la moneda.

No sé si alguna vez lo charlamos, pero también ayer cuando me decías si había muchos padres que lloraban, o si todavía lloraban los padres y bla, bla, bla, se me vinieron muchas cosas a la cabeza y por eso está bueno que conozcas (aunque no vengas) qué pasa de nuestro lado, de la misma manera que los padres tratamos de entender de qué se trata.

Somos de otra época, fuimos educados en una sociedad heterosexual, con la concepción incorrecta de que la homosexualidad le pasaba a otro tipo de familias (promiscuas, perversas, ausentes, etc.) y de que era algo malo. La herramienta para aceptar el tema fue salir de esa ignorancia, informarnos, abrirnos la cabeza. Y el motor es el amor a los hijos.

En mi caso particular, yo creo haber respetado, pero, como no estaba en mi menú de opciones, nunca me interesó saber de qué se trataba (por lo que cero al as) hasta que me tocó. Si por algo temía podía ser por la droga, el alcohol, un embarazo no deseado. En general el ser humano se involucra con lo que le toca, no con todo.

Todos los que lloramos en el grupo es porque no queremos ni rechazar ni mirar para otro lado, queremos entender, aceptar, naturalizar, ver a nuestros hijos felices y aún por encima de nuestro conflicto que es la culpa y el  cambio de expectativas  entre otros (cuestiones de los padres, no de los hijos). Aprendimos que no se elige, que ya con el sólo hecho de pertenecer a una minoría diferente sufren, que se cuestionan y muchas veces en soledad, y bla, bla, bla, como vos decís.

De haberlo sabido antes los hubiéramos podido acompañar un poco más. Y hablo en plural porque, saber que a otros les pasa lo mismo que a uno, aliviana la mochila y acompaña en el camino. El grupo inyecta una energía y un afecto muy particulares, y todos coincidimos en que esta circunstancia de vida nos hizo crecer como personas. Escuchar a los hijos que vienen también nos acerca a la realidad, nos hace ver la otra cara desde otro lado que no es el hijo propio. Uy, parece un trabalenguas!

Se me ocurrió contarte esto y me pareció importante.