COMING OUT ( "SALIDA DEL CLOSET", "ASUMIRSE"). "Paulatinamente, fui dándome cuenta de que era diferente de la mayoría de los compañeros de mi clase. Según sus relatos, ellos habían hecho cosas lindas e inquietantes con las chicas. La mayoría tenía una amiga. En una ocasión cuando me visitó un compañero de la escuela y me contó de algunos apretujones con una chica, me sentí terriblemente mal. Él hablaba de las chicas, de los bustos grandes y esas cosas, y para mí, que estaba acostado al lado de él, nada me hubiera gustado más que tocarlo y acariciarlo. Pero, naturalmente, el miedo y la inseguridad eran demasiado fuertes como para siquiera intentarlo. Durante el tiempo siguiente estuve bastante bajoneado porque no tenía en claro qué me estaba pasando." "Me sentía sólo y diferente a los demás. Tan diferente como un círculo en un mundo de cuadrados. No encajaba en ningún lado. Nadie parecía tener sentimientos como los míos. Al principio, pensé que si los ignoraba, desaparecerían, pero, en lugar de eso, eran cada vez más fuertes."
"Coming out" designa el proceso de la aceptación de la propia orientación sexual y el "salir" o "apartarse" del silencio involuntario, del aislamiento y del "proceso únicamente interno". Como "Coming out interno" es designada, generalmente, la primera etapa en la que alguien toma conocimiento de los propios sentimientos y deseos en forma realista y los admite interiormente. El "Coming out externo" es la etapa siguiente, en la cual las personas gays o lesbianas se dan a conocer en primer lugar a personas de su confianza y, más adelante, quizás también a otros círculos de personas. El proceso del "Coming out", a menudo, comienza en la época de la pubertad y puede durar muchos años, incluso, en algunos casos, toda la vida. Algunas personas jóvenes, incluso adultos, nunca experimentaron un "Coming out" en este sentido. En todo caso, el proceso de autoaceptación y el paso hacia afuera, dependen, fuertemente, de las reacciones del entorno que las dificulta o apoya. El "Coming out" es totalmente diferente del concepto del "outing", tan mencionado últimamente. Este concepto significa la publicidad no autorizada de la orientación sexual de una persona. Esta publicidad forzaría a las personas con prominencia social a aceptar públicamente su homosexualidad para que otras personas admitan más fácilmente su orientación sexual diferente. Pero esto significa una grave incursión en la esfera privada de otras personas y es experimentada, casi siempre, como difamación.
Cuál es el momento en que las niñas y los niños, y las personas jóvenes, (así como sus padres), advierten igual o mayor impulso hacia las personas del mismo sexo, es bastante variable, pues no existen indicios unívocos. Una conducta atípica de roles tiene poco que ver con la orientación sexual. De todos modos, la "investigación sexual infantil", como viaje de exploración guiado por la curiosidad en el propio sexo y en el de otros, es muy común. Estas experiencias son importantes para hallar la correcta relación con la propia sexualidad.
Esta investigación también es válida para la llamada fase homosexual de transición, experimentada, sobre todo, por los varones, en la cual el enamoramiento y los juegos corporales se dirigen preponderantemente a compañeros del mismo sexo. Las dudas sobre los propios sentimientos recién aparecen, generalmente, cuando disminuyen el entusiasmo y los deseos homosexuales de los amigos, para quienes las relaciones con el sexo opuesto se tornan más importantes, mientras que en el mismo joven los sentimientos homosexuales permanecen o se incrementan. "Mi madre hablaba, continuamente, de mi vida futura como si sólo consistiera de familia y ser ama de casa. Solía decir: 'Cuando tú estés casada, mi amor' o 'en cuanto tengas hijos…' Casarse y crear una familia parecía una norma indiscutiblemente aceptada . Yo pensaba, ¿quién soy para rechazar esta norma? Lo terrible era que no experimentaba el más mínimo deseo de ser esposa, madre y ama de casa y estar al lado de la cocina." "Fui a ver a un médico, pues pensé que, biológicamente, algo andaba mal conmigo. Cuando se lo dije, se sonrojó y me preguntó si se lo había comentado a mis padres. Respondí que no, que no se los había dicho. 'Entonces mejor no se lo comentes', dijo, pues 'muchos varones tienen una fase semejante, que desaparece con el tiempo. No debes angustiar a tus padres por eso'.
En el caso ideal, los padres y pedagogos se ocuparon, previamente, del tema de la sexualidad, incluida la homosexualidad, recogieron información, dejando de lado los prejuicios, y consideraron, en algún momento, cómo sería si su propio hijo tuviese una orientación sexual diferente. Sin embargo, la mayoría de los padres quedan sorprendidos cuando el hijo manifiesta tendencias homosexuales. Como la sexualidad está relacionada con miedos y algunas veces con fantasías de gran angustia, o porque simplemente son ignoradas las señales que darían la pauta de un desarrollo sexual diferente, la mayoría de los padres, a lo sumo, toman conciencia de que su hijo está en un "proceso de cambio". "Pedro siempre fue un niño despierto y alegre. Era muy querido porque era amistoso con todo el mundo. No conocía la timidez. Esta forma positiva de relacionarse con la gente la había heredado de mi marido, un hombre muy sociable y franco. Físicamente eran muy parecidos y ambos tenían personalidades muy alegres. Por eso nos sorprendimos tanto cuando Pedro, a los 14 o 15 años, se mostraba cada vez más silencioso. Rara vez participaba de los deportes. De repente, empezó a interesarse más por la música y los libros. Durante horas permanecía en su habitación, leyendo o escuchando música. Cuando teníamos visita desaparecía. Estaba aislándose por completo. Naturalmente nos preocupamos y le solicitamos una explicación, pero siempre daba respuestas evasivas. Sólo se escabullía. Hoy puedo saber que, en aquel momento, se dio cuenta, por primera vez, que le atraían más los varones que las mujeres. Con su música y sus libros trataba de solucionar los problemas que lo oprimían. De todo esto, nosotros no sabíamos ni presumíamos nada. Simplemente estábamos preocupados. Al principio nos pareció una expresión normal de la pubertad. Pero cuando su comportamiento fue aún más acentuado, decidí hablar con mi hijo, seria y serenamente. Hice justo lo errado en ese momento. Debido a mi insistencia, Pedro se sintió presionado y se tornó aún más introvertido. El resultado fue que había perdido contacto con mi hijo, quien directamente me esquivaba y mostraba, en forma casi ofensiva, que no quería estar junto a mí. En ese tiempo casi no tenía amigos. Al menos, nadie lo visitaba. Me rendí y no hablé más sobre el tema. Quise darle tiempo de acercarse a mí por sí solo, pero le hice saber que siempre estaba a su disposición. Tardó casi un año hasta que no aguantó más. Una noche, en su habitación, me confesó que creía ser homosexual." No se espera una orientación homosexual A menudo resulta incomprensible por qué un adolescente se transforma de tal manera, volviéndose agresivo o retrayéndose totalmente. Al principio, esas reacciones son atribuidas a los cambios normales de la pubertad, de los cuales los padres saben que tienen que ver con la situación emocional de cambio, con la separación de la casa paterna y con la búsqueda de nuevos caminos. Pero cuando las dificultades parecen muy grandes o duran demasiado tiempo, en la fantasía aparecen todo tipo de motivos "de los cuales ya alguna vez se escuchó algo". Uso de drogas, ¿o también ser miembro de una secta, o…? La posibilidad de una orientación homosexual, generalmente, no es tomada en cuenta. Tensiones familiares A menudo los conflictos con el hijo o la hija provocan tensiones en toda la familia o con el entorno más cercano. El clima familiar se hace irritable y también aumentan las tensiones entre las personas adultas, generalmente entre los padres, quienes se reprochan que la causa de todo es "la educación equivocada". Las primeras explicaciones, convertidas en certezas, cierran toda salida a la situación. En esa circunstancia, todo lo que logre restablecer el equilibrio emocional es de ayuda, posibilitando así la reflexión. En primer lugar, estableciendo distancias respetuosas, evitando las explicaciones aventuradas y las recriminaciones. En segundo lugar, entendiendo que ni los hijos ni los padres obran con intención de daño o por maldad. Un seguro punto de partida es la aceptación de que, detrás del conflicto, existe un problema apremiante, que no es descubierto inmediatamente por estar relacionado con aspectos de la intimidad de las personas. Una persona adolescente con inclinaciones homosexuales a menudo se considera a sí misma como una "perturbación" para sus familias y amistades. A los padres, generalmente, les resulta difícil liberarse de la expectativa normal que su hija sienta atracción por los varones, y su hijo por las mujeres. En verdad, ya no todos esperan el desarrollo habitual del enamoramiento, el compromiso y el casamiento de los hijos para, quizás, tener nietos. En el presente, los padres están preparados para recibir todo tipo de sorpresas de sus hijos, pero, rara vez, la homosexualidad figura entre ellas.
Las personas jóvenes perciben y temen el enojo y el duelo de la madre o del padre, las recriminaciones cruzadas y las dudas desgarradoras acerca de la propia identidad. Por eso, generalmente, demoran en dar a conocer sus sentimientos "distintos". Es demasiado grande el miedo a no ser comprendido, a no ser más amado, a motivar la separación entre los padres o en la familia, e, incluso, a ser expulsado de la casa. La mayoría de las personas jóvenes inicialmente esconden su terrible sospecha de ser "distintas", tratando de solucionar ellas mismas el problema, encerrando en sí mismas el conflicto y aislándose. Sentimientos de culpa y conflictos de conciencia El proceso del "coming out" es, generalmente, doloroso, conflictivo, asociado a un gran rechazo e intentos de esquivar el problema. Raras veces es sentido como un paso liberador o de alivio. Los propios prejuicios están radicados profundamente y son alimentados por el entorno. Las descripciones prejuiciosas de los homosexuales y los múltiples clichés negativos, dificultan la aceptación de los propios sentimientos. El varón del chiste gay o la mujer que odia a los varones son imágenes muy poco atractivas. Existe un gran temor a ser considerado poco femenina o poco masculino. Cuando la "normalidad" esperada no se cumple, aparecen sentimientos de culpa. El deseo erótico por las personas del mismo sexo y la prohibición de su disfrute, provocan conflictos de conciencia y ansiedad ante un futuro incierto. "Dios mío, haz que no sea cierto" "Nunca fui asidua visitante de la iglesia; quizás tenía un cierto sentimiento religioso, pero hacía mucho que no rezaba. Pero cuando mi condición se confirmaba cada vez más y ya no ayudaban negaciones, represiones o algún proceso autoindicado de cambio de orientación, comencé a orar constantemente: 'Dios mío, haz que no sea cierto'. Me he descubierto a mí misma en el tranvía diciendo en voz alta '¡No, no!' Me asusté mucho. Pero no me abandonaba la idea de que algún poder externo, Dios, debía ayudarme. Le prometía cualquier cosa a Dios si me normalizaba, si me quitaba este deseo torturador que sentía por otras mujeres. Conocía la posición de la Iglesia: debía ser tratada en forma condescendiente, puesto que no era culpable de mi destino. Lo había escuchado durante un programa en la televisión. Pero no me era permitido vivir libremente mi orientación sexual, así como tampoco una cleptómana podía simplemente seguir sus inclinaciones robando. En aquel momento mi padre dijo 'es cierto' y así supe que todos pensaban igual. Estaba furiosa y salí corriendo de la habitación. Y nuevamente tuve ese sentimiento torturador de que tal vez realmente no valía nada, que era una víctima de un capricho de la naturaleza, y dependía de la misericordia de los demás, como un inválido."
Estos conflictos no giran, solamente, alrededor de la identidad sexual y la aceptación de las propias necesidades. Se trata de la totalidad: rápidamente es destruida la autoaceptación y autoestima, a menos que existan posibilidades de retirada protegida, y, especialmente, sean establecidas relaciones abiertas y comprensivas con las personas del entorno familiar que manifiesten amor y compromiso para que el ser distinto sexualmente sea superado en forma positiva. Pero esto aún en el presente es muy poco frecuente. La mayoría de los jóvenes trata, primero, de reprimir sus sentimientos y pensamientos, de volcarse a relaciones heterosexuales o, al contrario, de eliminar la sexualidad de su vida. Otros juegan un rol ficticio ante la sociedad, viviendo a escondidas sus sueños o en sus diarios íntimos, y teniendo ocasionalmente relaciones "prohibidas". Esta situación, a la larga, es insostenible. Posiblemente vivan una doble vida en dos mundos estrictamente separados, lo cual acarrea la imposibilidad de vivencias de relaciones amorosas duraderas, limitando los contactos sexuales a encuentros esporádicos.
Las múltiples formas de evasión, a la larga, son insatisfactorias, dañan la autoestima y aumentan el conflicto interno. Según la personalidad sufren el cuerpo, el alma y las relaciones, con posibles adicciones y depresiones. También sabemos que, lamentablemente, aumenta el peligro del suicidio. "Durante dos años fui la pareja de Ulla. Nadie sospechaba nada, y teníamos un miedo pánico a ser descubiertas. Estaba segura que esta relación era lo verdadero para mí, pero nos inquietaban mucho la incesante presión de la familia y los colegas. Nuestra autoestima era insuficiente para soportar una posible discriminación. Esto fue el motivo, seguramente, de que, después de nuestra separación, traté de llevar una vida 'normal'. Entablé relación con un colega que hacía rato me festejaba como a una mujer libre. Esta relación fue el infierno. Sabía dónde estaban mis verdaderas necesidades, pero me esforcé en relacionarme con un varón. Este conflicto me derrumbó completamente. Poco después, me internaron en una clínica psiquiátrica, y, recién allí, la médica me hizo comprender que mi comportamiento carecía de sentido." Pero cada vez más frecuentemente también hay experiencias diferentes: "En nuestro grupo hay compañeros que no tienen más problemas con este tema. De todos modos, no acepto para nada que se hable, siempre, de discriminación y miedo, como si las lesbianas estuviésemos constantemente llorando en nuestras casas. Al fin y al cabo, es importante hacer algo positivo con nuestra orientación." |